-Tener valor para unir mi alma con las aguas que esconden el pozo podría parar esta herida.-Se escuchó decir a la dolorida voz del joven humano que parece haberse sentado en el fino del agujero.
Era la primera vez que Sadako oía hablar a alguien desde que derrumbaron el centro hospitalario para enfermos con tuberculosis que se hayaba muy cerca del pozo.
Al pensar esto recordó los pocos menes que había pasado escuchando cantar una niña de unos 7 años que ingresó en el sanatorio. Su melodiosa voz contaba historias felices pero en sus notas siempre encontraba un reflejo de tristeza y dolor. Esas canciones que aliviaban a la vez que conmovían el corazón de Sadako desaparecieron repentinamente un día de primavera y no volvieron a aparecer nunca más en sus interminables noches. Las echó de menos, sí, pero quizás la pobre chiquilla está mejor ahora que en una cama o en un pozo. Quién sabe...pero eso ya es otra historia...
Arrastrando a Sadako de su pensamiento algo cayó como desde el cielo hasta el fondo del pozo creando ondas en las turbias aguas que quedaban. Molesta el improvisto ataque miró hacia arriba pensando que el joven, el único que podía ser el responsable, había descubrierto su cuerpo. Pero no vió más que el azulado cielo del día. Después de hacer el intento de suspirar, pero sin aliento, buscó el objeto que había caido cerca suyo. Al notar que tocaba algo lo sacó para ver que era y resultó ser un trozo de hierro medio oxidado. Mirandolo detenidamente pudo comprobar que era una llave. No entendió porque el humano quiso arrojar algo así en su lugar eterno hasta que escuchó de nuevo su voz:
- No quiero volver a ver ese instrumento que mata mi corazón y que a la vez lo llena de felicidad.-Dijo creyendo que hablaba solo- La llave que abre mi alma...y que también lo cierra...
Sadako, en vida, no tuvo tiempo de aprender sobre estas cosas pero advirtió que su nueva compañía sufría mal de amor.
Claix Kitten CONTINUARÁ...
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miércoles, 19 de enero de 2011
lunes, 17 de enero de 2011
Memorias de Sadako -Parte 1-
Con la salida del sol empezaron a escucharse las cigarras propias de la estación calurosa. Por supuesto, el insomnio dominó a la criatura toda las horas de oscuridad como ya tantísimas noches desde el día trágico. Aunque era obvio que el sol brillaba y el bochorno era indiscutible el pozo seguía lleno de sombras. Sadako ya se había percatado hace unas cuantas décadas de que hiciese el tiempo que hiciese nunca llegaría un solo rayo de sol a su tumba maldita. Resignada miró como ya muchas veces había hecho hacía los muros que la rodeaban. El pozo tenía forma circular construido con piedra negra aunque la gran parte estaba cubierta por una capa de moho verdoso. No quedaba mucha agua ya que el día anterior había rebosado con la última noche de lluvia estacional. En la parte más alta del agujero Sadako reconoció los restos de sus propias uñas incadas en las paredes lo que le hizo recordar los segundos antes de caer a las profundidades de las tinieblas. Echó un vistazo a sus recuerdos y encontró la cara de su asesino que a la vez era su padrastro. Volvió a esos últimos momentos en los que las manos del hombre apretaban su garganta impidiéndole respirar y una vez sin fuerzas fue arrojada a un pozo cercano al suceso. Aún viva intentó sujetarse a las rocosas paredes que después serían lo único que vería para el resto de la eternidad consiguiendo solo arrancarse las uñas. Revivió el instante en el que tuvo que dejarse caer viendo como el amante de su querida madre presenciaba su cara de pánico. Justo cuando golpeó con el suelo cerró los ojos dejando escapar algunas lágrimas y el agua del interior se mezcló con la sangre de sus manos, boca y craneo mal herido.
Al volver a la realidad escuchó una voz del exterior de su cárcel. Estimó que se trataba de una voz joven y masculina:
-Ahh...Ojalá estuviese muerto en vez de vivo para no tener que sentir este dolor...
Sadako sumergió lo que pudo su cuerpo en las oscuras aguas del pozo y agudizó el oido para captar las palabras del humano.
Claix Kitten CONTINUARÁ...
Al volver a la realidad escuchó una voz del exterior de su cárcel. Estimó que se trataba de una voz joven y masculina:
-Ahh...Ojalá estuviese muerto en vez de vivo para no tener que sentir este dolor...
Sadako sumergió lo que pudo su cuerpo en las oscuras aguas del pozo y agudizó el oido para captar las palabras del humano.
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domingo, 16 de enero de 2011
Memorias de Sadako -Introducción-
Hacía una noche de verano húmeda después de haber llovido durante dos días seguidos. El pozo estaba casi lleno y el moho ya alcanzaba las grietas más profundas que, por lo menos, dejaba oler un poco a vida en aquel oscuro círculo de muerte.
Al mirar hacia arriba se podían ver las luces del cielo que parecían reirse del alma castigada a jugar eternamente en el agua que nunca podría encontrar el descanso. Con mucho esfuerzo, la criatura estiró lo que pudo sus putrefactas muñecas colocando sus dedos sin uñas sobre su cabello. Sintió por décima vez que su pelo, que años atrás fue suave y liso, ahora estaba totalmente sucío y encrespado y que si en ese momento estuviese viva notaría como los piojos le chupaban lo que quedaba de sangre en su cadaver. Luego tocó sus arrugadas mejillas, que en tiempos mejores, estuvieron bañadas por un delicado manto de colorete. Después de esto alzó sus manos en dirección al firmamento. Estas habían adquirido un color semejante al agua que le llegaba por el pecho de un verde podrido. Cerró los ojos y, como muchas veces ya había hecho desde que llego a aquel horrible lugar, deseó despertar junto a su madre y que ella la consolara como solía hacer cuando ambas vivían.
Claix Kitten.
Al mirar hacia arriba se podían ver las luces del cielo que parecían reirse del alma castigada a jugar eternamente en el agua que nunca podría encontrar el descanso. Con mucho esfuerzo, la criatura estiró lo que pudo sus putrefactas muñecas colocando sus dedos sin uñas sobre su cabello. Sintió por décima vez que su pelo, que años atrás fue suave y liso, ahora estaba totalmente sucío y encrespado y que si en ese momento estuviese viva notaría como los piojos le chupaban lo que quedaba de sangre en su cadaver. Luego tocó sus arrugadas mejillas, que en tiempos mejores, estuvieron bañadas por un delicado manto de colorete. Después de esto alzó sus manos en dirección al firmamento. Estas habían adquirido un color semejante al agua que le llegaba por el pecho de un verde podrido. Cerró los ojos y, como muchas veces ya había hecho desde que llego a aquel horrible lugar, deseó despertar junto a su madre y que ella la consolara como solía hacer cuando ambas vivían.
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